RitmoPress 16 de septiembre de 2026
Cocina

Tabla de cortar: madera o plástico, y lo que dice la evidencia

La discusión lleva décadas abierta. Los estudios disponibles apuntan a que importa más cómo se limpia que de qué está hecha.

Elena Vidal · Valencia · 5 de septiembre de 2026

La madera dura marca menos el filo que el plástico duro, y bastante menos que el vidrio.
La madera dura marca menos el filo que el plástico duro, y bastante menos que el vidrio. Foto: NordWood Themes / StockSnap (CC0)

La discusión sobre si una tabla de cortar debe ser de madera o de plástico lleva décadas abierta en cocinas domésticas y profesionales. Suele plantearse como una cuestión de higiene, y ahí es donde los datos disponibles resultan menos concluyentes de lo que uno esperaría.

Lo que se estudió

El trabajo más citado sobre el asunto es de principios de los noventa, de la Universidad de Wisconsin: se inocularon bacterias en tablas de madera y de plástico y se midió qué quedaba vivo después. El resultado sorprendió, porque la madera se comportaba mejor de lo que la intuición sugería. Estudios posteriores matizaron el hallazgo y señalaron una variable que pesa más que el material: el estado de la superficie.

Una tabla nueva, lisa, es fácil de limpiar sea de lo que sea. Una tabla muy marcada por el cuchillo retiene restos en los surcos, y ahí el plástico rayado y la madera rayada se parecen bastante. El desgaste, no el material, es lo que cambia el escenario.

La pregunta útil no es «madera o plástico», sino «cuándo toca cambiar esta tabla».

Lo que sí distingue a cada una

Donde la diferencia es clara es en el filo del cuchillo y en el mantenimiento diario.

La práctica que más reduce el riesgo

No es elegir bien la tabla: es separar usos. Las guías de seguridad alimentaria coinciden en que la contaminación cruzada —cortar pollo crudo y después ensalada en la misma superficie sin lavar— explica buena parte de los incidentes domésticos. Dos tablas, o una tabla y un lavado intermedio con agua caliente y jabón, resuelven más que cualquier material milagroso.

Para el lavado, agua caliente y detergente bastan en uso doméstico normal. La madera no debe quedar en remojo ni ir al lavavajillas: el problema no es la higiene, es que la pieza se abre. Secar de pie, de canto, para que ventile por las dos caras.

Cuándo se jubila una tabla

Cuando los surcos ya no se limpian pasando el dedo con un paño, cuando aparece una grieta que atraviesa la pieza, o cuando la madera huele aunque esté recién lavada. En plástico, cuando la superficie está tan rayada que se ha vuelto blanquecina y áspera. Ninguna de las tres señales tiene vuelta atrás: llegado ese punto, lijar la madera sirve; insistir con el plástico, no.

Es un utensilio de consumo, no una inversión. Tratarlo como tal —cambiarlo cuando toca en lugar de buscar el material definitivo— es probablemente la conclusión más útil de todo el debate.

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