RitmoPress 16 de septiembre de 2026
Consumo

Menaje de regalo: lo que se usa y lo que acaba en el armario

Las listas de boda siguen repitiendo piezas que nadie estrena. Qué se sigue usando cinco años después.

Carmen Ibáñez · Sevilla · 29 de julio de 2026

Las piezas que sobreviven suelen ser pocas, sencillas y de uso diario.
Las piezas que sobreviven suelen ser pocas, sencillas y de uso diario. Foto: The World is a Stage / StockSnap (CC0)

Las listas de boda y los regalos de inauguración de piso siguen repitiendo, década tras década, un catálogo de piezas que a menudo no llega a estrenarse. No es cuestión de calidad: es que el menaje que se regala responde a una idea de cocina que casi nadie practica a diario.

Lo que sobrevive cinco años

Preguntando en casas donde el regalo ya cumplió un lustro, las piezas que siguen en circulación suelen ser pocas y aburridas:

Lo que acaba en el armario

La otra lista es más larga y bastante predecible: la fondue, la yogurtera, el juego de copas de licor, la vajilla de doce servicios cuando en casa comen dos, el cortafiambres, la máquina de palomitas, el set de utensilios de veinte piezas en el que se usan tres.

Tienen un patrón común. Son objetos monofunción, voluminosos o pensados para una frecuencia de uso que no existe. Una fondue supone que habrá cenas de fondue; un juego de doce supone comidas de doce. Cuando esa suposición falla, la pieza no se tira —fue un regalo— y ocupa armario durante años.

La pregunta útil antes de regalar menaje no es «¿le gustará?», sino «¿cuántas veces al mes lo va a sacar?».

Lo que sí agradece quien recibe

Tres criterios, por orden de importancia:

Que sustituya a algo malo. Casi toda cocina tiene una pieza mediocre en uso diario: la sartén que se pega, el cuchillo romo, la tabla partida. Reemplazar eso por una versión buena se nota todos los días. Exige saber qué falta, y por eso preguntar no estropea el regalo.

Que sea de uso diario. Una pieza mediana usada a diario rinde más que una excelente usada dos veces al año.

Que quepa. El factor que menos se piensa. En un piso pequeño, un robot de cocina grande puede ser un problema logístico antes que un regalo. Mirar la cocina antes de comprar evita el clásico aparato que vive en su caja encima del armario.

Sobre los estuches cerrados

Los juegos que vienen en maletín o caja rígida tienen una ventaja práctica que suele pasarse por alto y que no es estética: protegen el filo o el acabado del roce con otros utensilios. En un cajón compartido, ese roce es lo que más estropea cuchillos y cubertería. Si el estuche es de los que se usan para guardar, y no solo para el envoltorio, suma. Si solo sirve para la presentación, acaba en el trastero como todo lo demás.

El regalo que nunca falla

Menos piezas y mejores. Un objeto bueno, del tamaño correcto, que sustituya a uno gastado, vale más que un conjunto de doce que se abre una vez. Es menos vistoso al desenvolverlo y es el que sigue en la cocina cuando nadie se acuerda de quién lo regaló.

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